Una pareja se sienta en la mesa de
enfrente, ambos sin mirarse a los ojos, sacan su teléfono y comienzan a revisar
algo en la pantalla… no hay prisa, el dedo pulgar recorre de arriba abajo un
sinfín de información que parece interesante. No se miran.
Para muchos la tecnología es un gran facilitador, me incluyo, puedo leer correos, mandar un mensaje a alguien que quiero o simplemente puedo actualizarme de lo que está ocurriendo. ¿Quién dudaría que eso no es importante?... el punto es que hay otras cosas más importantes que surgen de la interacción de las personas.
Me recuerdo de mis años de rebelde, cuando no quería conversar en la mesa con los adultos. Me sentaba desafiantemente con mi “personal stereo” a la mesa y me encerraba en mi mundo. Era simple, no escuchaba nada más que la música… no quería comunicarme.
La tecnología es un mero instrumento para mejorar nuestra calidad de vida. Esta está al servicio de nosotros, la creamos para facilitarnos la vida y sin embargo en muchos casos no hace más que encerrarnos y estorbarnos.
Vengo de regreso a mi Chile (24 de septiembre) y me encuentro con la difícil misión de comprimir y comentar lo aprendido en Silicon Valley. Mi resumen es que comprendí que nuestro aporte es potenciar y articular la unión/interacción de las personas a través de la tecnología.
Es usual que en el emprendimiento se de una revisión de cualquier idea de negocio en base a una serie de parámetros. Uno de los más críticos tiene que ver con la originalidad: ¿Qué tan diferente es este emprendimiento respecto del resto de tecnologías que andan dando vuelta? Nuestra respuesta más frecuente a esta interrogante eran una serie de atributos, funciones y características de la plataforma, sin embargo saltamos esta importante diferencia que es la que le da sentido a todo el resto que habíamos creado. Sin personas nuestra tecnología no sirve para nada.
Es tan fácil enredarse entre los cables de la innovación. La finalidad de cualquier innovación no es centrarse en si misma. He escuchado más de alguna conversación donde el énfasis del emprendedor está en VENDER a toda costa su producto. Claro con dinero se puede todo, y siempre está la posibilidad de que una estrella fugaz caiga del cielo, pero esto no tendrá sentido si no hay la flexibilidad para cambiar y adaptar para ofrecer esto a las personas.
Hasta ahí suena fácil u obvio… pero no es
así. A los inventores nos pasa que nos
enamoramos de nuestros productos y la adaptación no es sencilla. Acá viene el
segundo aprendizaje de nuestro viaje: Los emprendimientos son hechos por
personas y las personas no están siempre dispuestas a cambiar cuando lo
necesitan. En muchos casos se necesita más de un empujón para lograr observar
más allá del ombligo y así lograr concretar una transformación interna.
El cambio que estamos experimentando no es tan solo externo, sino que es interno. Tras un reponedor luto, hemos logrado poner esto en orden, alinear nuestra organización y poner la acción detrás de las palabras.
Este simple cambio nos significó en menos de una semana de comentarlo con personas claves, y como resultado tenemos más de 6 conversaciones con potenciales clientes para dar detalles de nuestra innovación, esta velocidad no la teníamos antes. Nuestro producto gusta y se nota.
La simpleza es en muchos casos no es valorada… aprender a valorarla ha sido un delicioso estado de transición. Que más simple, ahora vamos donde están las personas, flexibilizamos infinitamente nuestra plataforma y hacemos actividades que complementen la vida de las personas.
Nos vemos en una próxima actividad iKwest ;)
Gonzalo






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Inquietudes de Andrea ♥♥
Felicitaciones estoy de acuerdo con tu articulo,
abrazos ,