A mí me gustaría morir de esa forma.
Leí entre muchos comentarios en twitter, diarios, Facebook, etc. uno que decía “En la escuela deberíamos tener un curso sobre la muerte”. Entiendo que detrás de esta frase, hay un vacío que no permite enfrentar como le gustaría este fenómeno natural… como si existiese un conocimiento o una verdad que se puede revelar para evitar el sufrimiento.
¿Qué tal sería a la inversa?… me imagino en la malla curricular un curso como este “se enseña a vivir al máximo”. ¿Haría sentido?
Morir en nuestra sociedad es un hecho no aceptado, no queremos que alguien querido muera. El dolor causado por la muerte de “uno de los nuestros” es aceptar nuestra propia muerte, dimensión totalmente desconocida y por lo mismo rechazada.
Una contracara al luto social que vivimos es la frase (resentida a mi juicio) “al fin murió el comunista de Camiroaga” y otra persona agrega “Si hubiese muerto alguien del pueblo no habría todo este revuelo”. A mi juicio, tanto Felipe Camiroaga, Cubillos y Roberto Bruces, fueron tan cercanos aunque no los conociéramos en persona, los sentimos totalmente nuestros… ellos influenciaron en nuestras vidas y no queremos que partan al más allá desconocido, dónde nunca más podremos contar con ellos, al menos físicamente.
Mi idea de la muerte, de mi muerte, es la trascendencia y el legado. Desconozco totalmente lo que hay al otro lado de la vida como la entendemos… eso no quita el hecho de que ese momento llegará.
Me gusta disfrutar la vida. Para mí la vida es contribuir, construir, amar, ser amado, proponer, liderar, proponer, seguir a otros, aceptar, cagarla, recomponerla, errar, acertar, fracasar, triunfar… en fin, podría hacer una lista más larga, pero es más fácil para mi decir que no es la vida: inmovilidad, pereza y falta de decisión.
La muerte es un fenómeno social. Lo sentimos más quienes nos quedamos en vida, sea quien sea quién murió, como diría el dicho “todos los finados son buenas personas”. Otra cosa será la trascendencia. Si mueres como un flojo, nadie te recordará y morirás eternamente. En cambio, sí mueres luchando por lo que tu creías, construyendo junto a otros, entregando generosamente aunque estés lleno de defectos, serás recordado de acuerdo a la trascendencia de tu obra.
Luchar no es sinónimo de combatir, ambas tienen en común la acción, las dos implican arriesgar la vida en muchos casos, pero no son lo mismo. La palabra luchar para mi lleva implícito un ideal, una nueva forma de pensar, una innovación o un futuro distinto que propongo a otros. La lucha es muchas veces ganarse a sí mismo para avanzar, y las armas que utilizas pueden ser el cariño, la proposición y el trabajo generoso por otros.
Los Felipes murieron en la cúspide de sus obras. Siempre serán recordados y amados por lo menos por los corazones de esta generación, por la cual trabajaron y se esforzaron. La historia se encargará de darle otra perspectiva… lo ajustará y veremos el tamaño y proporción de sus obras.
Mi sentido pésame a todos nosotros. Ahora a vivir.






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